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lunes, 7 de abril de 2014

Todavía no puedo ahogar a mi demonio

Puedo apostar que por este medio tengo la libertad de escribir esto, estoy segura de que nadie estará lo suficientemente interesado en lo que a continuación voy a escribir como para tomarse el tiempo de leerlo; es por eso que elegí esta red social para expresar mis memorias.

Aquel que sé que no sabrá nunca lo que estoy a punto de expresar debo decirle que aún lo amo. Directamente te escribo aun sabiendo que esto jamás llegará a ti, pienso en el daño que me hiciste con el único propósito de no sentir de nuevo algo por ti.

A veces que te recuerdo logras que se erice mi piel como cuando estábamos juntos. He realizado casi lo imposible por eliminarte de mi mente, busque refugio en otro hombre, un ser encantador y con muchas más virtudes. Con él deseo continuar mi vida sin embargo cuando siento tu regreso, aunque sea por un momento, haces que todo lo que he construido sin ti tiemble y en mi brota una gran angustia, soy consciente de que no te quedarás para siempre y que eso solo es una prueba en la que debo demostrar que puedo derrotarte y sin embargo no logro superarla.

Aún tienes mucho poder sobre mí a pesar de que pueda demostrar lo contrario, pero una parte de mi está cansada de esperar por ti, ese cansancio se lo debo a tu maldito orgullo e idiotez de tu edad, no culpo a tu edad sino a mí misma por negarme a aceptar ese hecho.
Existen muchas dudas en mi mente sobre lo que siento y sé que la culpa la tiene mi edad, si, es mi corta edad que no me ha dado la suficiente experiencia para controlar mis emociones, debo suponer que necesito pasar por muchos eventos cotidianos para saber cómo enfrentarlas. En las noches, a veces apareces en mis sueños, te he denominado como demonio, ese ser que jamás dejará que tenga una vida en paz por el resto de mis días.

Voy a describirte como un ser que conserva miedo en su interior, por más que atormentes mi ser, tú mismo conservas miedo el cual te mata poco a poco y los errores que cometiste, pero que no puedes aceptar. Afirmo que mientras no olvides a este ser humano, mi persona, que te ha brindado tantas cosas maravillosas de su ser, seguirá sintiéndose el ser más abatido por amar a aquel, tú, el demonio que en mis sueños es un ser humano, más sin embargo en su interior esconde a su verdadero ser.

Todas las noches pido que tu ser nunca se vea envuelto en la angustia que en ocasiones tengo que enfrentar pues aún te amo y espero que algún día, demonio, logres convertirte  por siempre en el ser extraordinario y lleno de bondad que solías ser a mi lado.
Si alguien decide entregar este escrito a mi demonio solo quiero pedir que le digan que no haga algún tipo de reclamo sobre lo que he escrito, no deseo recibir aún más visitas suyas de las que suele hacer.

Por: Lineas



sábado, 5 de abril de 2014

Mi nombre es el cachanilla

Cachanilla y flor de azar, el tercer material discográfico de Juan Cirerol, abre con una canción que sirve como presagio para que te enteres de quién es este vato (por si no lo conoces) oriundo de Chicali y cuáles son sus aficiones: pistear, ponerse bien loco y la vida vaquera. Te advierte de que ya después de tanto cochinero está perdiendo la cordura pero le vale verga y mejor termina por pedirte como por tercera vez en la canción una Tecate y otro toque.

“Porque dicen que con una birria, y dos que tres pastillas, hacen que te dejes de mamadas” Cerca del mar, una rolita hermosa donde se hace mención de Mazatlán. La canción abre con un ritmo cadencioso para luego entrar con una armónica bien pinche violenta, de esas que te ponen punk-norteño y con las que te dan ganas de ponerte bastante epiléptico. Una oda al aburrimiento, a la desgracia y fortuna de no tener negocio y a la hipocresía de un chingo de gente.

El vato te dice que ya lo tiene y el disco avanza al tercer track: En dónde está el corazón, un cover de los Relámpagos del Norte. Confundido, el protagonista de la canción se cuestiona dónde le dejaron aquel órgano vital para poder amar y porque nomás hicieron uso de él para quitárselo y así poder humillarlo. Después de reflexionar por dos versos, mejor termina por decirse en el coro pa’ no sentirse tan agüitado: No hay pedo, al chile yo sí te quise y me quedo con los recuerdos.

Luego se viene Ahí te va a llegar el cheke, quizás la canción que mejor funciona como exponente para describir y englobar toda la dualidad de Juan Cirerol en poco más de seis minutos: Apático, loco, enamoradizo, grosero, enfermo, nihilista, suicida, violento y noble como el Diego Aragón.
"Yo sé que es peligroso estar tomando todo el día pero es que simplemente siento mucha simpatía por el alcohol, la mierda, el odio y la apatía. Soy anti-todo. Quiero estar muerto". Según iTunes la he reproducido poco más de 200 veces pero se me sigue enchinando el cuero como la primera vez cada que la escucho. 

Amarte para llorar, me gustas, te quiero y todo pero me da güeva expresar lo que siento y hacer algo para demostrártelo. Aunque de paso recrimino tu falta de interés y la predisposición que tenemos para seguir con esta relación enfermiza y autodestructiva. O algo así. La canción luego entra a terrenos maniacos donde te aconsejan fumar piedra.

Luego sigue El carril número tres, cover de los Cuates de Sinaloa (banda patrimonio para la humanidad por haber compuesto Negro y azul). Un corridito de un capo mexicano al que responden gabachos porque con dinero (además de los perros) bailamos todos. O casi todos.

Entra una armónica muy nostálgica y se comienza a escuchar El corrido de la desdicha. Una voz golpeada de Juan Cirerol que nos recuerda a aquellos compas que nomás no traen feria pero que se las ingenian pa’ que nunca les falte el pisto. Y más si se trata de conseguirlo para catalizar el olvido y recuerdo de una morrita.

Después la guitarra marca el ritmo de cuatro tiempos y ya estás Varado en Guadalajara pegándole unos tragos a tu caguama. Una canción lenta pero que está perfectamente llevada para llegar al: “Escribo poemas con las patas sobre la peste que irradia a toda esta puta gente”. Otra de las canciones más nihilistas del álbum y que tiene el espíritu de “Ahí te va a llegar el cheke”.

Pasamos a El regalo más bonito, la canción abre con un acordeón y desde el título parece que todo fine y que se le va a dar suave. No. Una oda a la heroína desde como los treinta segundos pa’ delante. Ya sé que estoy bien loco y me lo han dicho un chingo de veces pero me vale verga, loco; le woa’ seguir, porque I can’t get no satisfaction.

Seguimos aviolentados y alterados y el disco llega a El Ochito de Chicali. Aquí todo es sobre motita y sobre cómo Juan Cirerol se la va gastando en una fiesta.

Se comienzan a escuchar Los aguacates, una de mis favoritas de toda la obra musical de este vato. La calidez de mi mamá, el recuerdo vago de mi padre, una añoranza por mi lugar de origen que en contenidos se ha ido perdiendo pero que en formas ha permanecido, más por güevos que por otra cosa. La constante idea suicida de terminar con esto e inclusive en el momento previo a jalar el gatillo nunca haber experimentado la satisfacción, o lo primero que se le parezca.

Después se comienza a escuchar un armónica muy nostálgica y de nuevo la voz lacerada de Juan Cirerol. Dicen que no estoy despierto, una canción con pocos versos pero que son suficientes para que el protagonista se lamente de los infortunios que implican la presencia de terceros en una relación de dos.

La meche, quizás la canción más cotorra del álbum. Aquí el cachanilla defiende lo que le corresponde (una morrita) y menciona las razones (todas para él virtudes) por las que no quiere que nadie se la toque. Literal y materialmente. Y es que La meche está bien loca y bien hermosa, representando así al cáliz de los yunkies. 

Llegamos así al final de un material discográfico que se prolongó por poco más de 52 minutos, y la canción que se encarga de hacerlo es Hablando de Daisy. Una de sus piezas más melódicas y donde se muestra esa faceta emocional y hasta ingenua en las cuestiones del amor que tiene Juan Cirerol, terminando así una carga de confesiones y una añoranza por Mexicali y por distintas personas que nunca se va a disipar, pero que no hay inconveniente alguno en que se mantengan como un recuerdo doloroso y pesado. 

Soledad, apatía, hastío, amar a las mujeres por el mal sabor de boca que dejan todo el tiempo, drogas, capos, pero sobre todo un disco atiborrado hasta el cansancio de sinceridad, de esa franqueza que te da una imagen casi completa del carácter como músico pero sobre todo como persona que tiene Juan Antonio Cirerol Romero, que viene a darle en su madre al putero de banditas con guitarras distorsionadas y baterías ajerosas que se intentan calzar un género.


Lo que más me gusta es el amor

2 de enero del 2014.
18:07. 

Es difícil querer hacer un diario cuando ya no tienes ganas de nada, ni de escribir. Estoy sentada sola en una banca, esperando a los demás. Quiero ir a casa. ¿Para qué querré ir a casa? Si ni ahí me siento feliz. ¿Cómo se sentirá ser feliz? Me imagino que las personas felices deben sentir gozo en su corazón. Me imagino muchas cosas acerca de la vida en general pero, sólo llego a eso. No logro comprender realmente para qué uno sigue viviendo cuando ya no tiene ganas de hacerlo. 
El ruido me molesta. Debo dejar de pensar en cosas molestas, como el ruido. No me gusta estar con personas cuando estoy así. Las personas normales deben estar pensando en cosas diferentes a las mías o, tal vez, algunas no piensen en nada. Sería muy bonito que un día yo no pensara en nada: que mi mente estuviese en paz. Que yo tuviese paz. Que las voces en mi cabeza cesaran. 
Muchas veces me he preguntado por qué precisamente me pasa esto a mí. Muchas veces me he preguntado si otras personas sienten la misma ansiedad que yo. A veces sueño que vivo en una ciudad pacífica, sin autos, donde no hay ruido, ni personas molestas, ni malos pensamientos, pero muchos perritos. Me gustan los perros, me gustan mucho. Me gusta también el olor del café y ver el alba por las mañanas. 
Lo que más me gusta es el amor: en la cama, en el sofá o en cualquier lado. Pero me refiero al sentimiento. ¡Qué bonito es el amor! Me vuelve loca. Me enferma. Me gusta sentirlo, me gusta darlo y, por supuesto, me gusta recibirlo. Me gusta todo acerca de él. 


Por: Lisa

jueves, 3 de abril de 2014

Aquellos y estos días. (Romance Erótico)

Recuerdo aquellas noches de Junio del 2012, noches en las que redescubrimos el amor, aquellas noches en las que nos entregamos por primera vez a la intima cara del amor.

Habían pasado solo unos cuantos días después de haber perdido la virginidad juntos y ya parecíamos movernos con naturalidad en el acto de hacer el amor.
Una mirada y un beso que aniquilaba la mirada, abandonando el sentido de la vista, así la piel se encendía más, como la llama de las velas que brillaban al lado de la cama.

Una pausa para cerrar la puerta con seguro aunque la casa la tuviéramos para nosotros solos, era parte del ritual. Como lo era poner música y dejar los condones a la mano.  (El Álbum Brothers de The Black Keys comenzaba a sonar)

Retomábamos los besos y las caricias,  nos dejábamos llevar. Nos quitábamos la ropa tratando de no despegar nuestros labios, como si la respiración dependiera de los labios del otro. Así nos desnudábamos y nos acariciábamos,  tu piel, tu cuello, tus vellos, tus senos, tu suave, tibia y húmeda vagina que me recibía lentamente, así penetraba el interior de tu cuerpo. Tu respiración cambiaba, se hacía más profunda y tus cejas hacían ese gesto como de ligeramente fruncidas.

Así aprendimos a sentir, a amar, a entregarnos.

Con cada canción íbamos acelerando poco a poco la pasión e íbamos intentando posiciones nuevas, una mas para añadir a la lista. Cada una parecía tener su cualidad, pero a mi me gustaban mas en las que podía ver tu cara mientras lo hacíamos.

Ahí estábamos sobre ese colchón tirado en el suelo, para hacer menos ruido. Yo de rodillas viendo tu espalda, mi mano izquierda sostenía tu cuello y la derecha tocaba el resto de tu cuerpo aventurándose a todos los rincones de tu piel. Mi yo parecía haberse dominado por los instintos de un animal salvaje que se rendía al placer del momento.  Pero de pronto la ultima canción del álbum comenzó a sonar (These Days) yo paré y te volteé para poder ver tu cara, tu yo también parecía haberse entregado al instinto del placer y te desconcertó mi acción.

-       ¿Qué pasa? – preguntaste.
-       Quiero ver tu cara.
 Retomamos el acto a un ritmo lento, como el de la canción
-       Me gusta esa canción. – yo dije. Me miraste a los ojos y dijiste
-       Te amo.
-       Yo también te amo
-       Pero yo te amo más. – dijiste intentando ganarme como siempre. Y de mi boca salieron las palabras que no pienso volver a decir en mucho tiempo.
-       Siempre te voy a amar. – duraste un tiempo en silencio con tu mirada fija a la mía con esa tenue luz de las velas encendidas. Repetiste mis palabras y cerramos nuestras confesiones con un beso. El álbum acabo y siguió uno de The Doors y lo hicimos hasta quedar agotados, hasta quedar dormidos abrazados el uno del otro.

Así fueron aquellos días, pero ahora en estos días cada quien anda su propio camino y al vernos en la calle solo nos damos un saludo de compromiso. Como si nada hubiera pasado, como las palabras que se esfuman en el tiempo.


(Pintura: Edward Hopper - Eleven am)




Me gusta aullar y razonar, me gusta escalar árboles y escribir. Soy atraído tanto por la belleza externa como por la interna. Busco un equilibrio entre lo intelectual y lo salvaje. Soy El Animal-Humano

miércoles, 2 de abril de 2014

Salir de la Rutina

     Estábamos en hora libre (raro en esa institución), y me quedé afuera con… llamémosla “Federica” para no quemar gente, y bueno nos encontrábamos conversando sobre los posibles tatuajes que tendremos, el tamaño, color y lugares donde se pondrán. En eso llegó esta chica, “Alejandra”, compañera nuestra y nos pregunta sobre si nos es molesto el humo del cigarro que está fumando, nosotras solo nos volteamos a ver y sonreíamos, estaba claro que en lo absoluto. Seguido de eso puso atención a la plática y nos comentó que ella tiene un tatuaje, un infinito, a su costado a lado del seno izquierdo, nos lo enseñó valiéndole verga quién la veía y quién no (en realidad no había nadie pero pura madre me levantaría la blusa). Prácticamente lloró cuando se lo estaba haciendo el maldito tattoo, al menos eso nos dijo ella pero eso no lo sé, no estuve ahí.
     Iba a seguir con nuestra conversación de los tatuajes pero recordé cuando hace unos días también la misma morrilla (del ICO disculpe usté’), nos dijo: “Hey goe no mames, yo pensé que sí eran pareja, pero obviamente no se los iba a preguntar, hehe”. Esto refiriéndose a la relación que mantengo con la ya mencionada “Federica”, por lo que solo me reí bastante y mi amiga me imitó. Estuve todo el rato pensando acerca de lo que había ocurrido minutos atrás, la dimensión a la que había llegado mi amistad con “Fede”, nosotras ya denominadas LESBIANAS por la nuestros compañeros, nuestras amistadas, por la sociedad. Aprovechando el trabajo temporal de mi amiga le propuse “arreglarnos” para ir a la escuela, para ver si con eso dejábamos de parecer lesbianas; porque tal vez lo tome como un juego y me de risa pues no le resta importancia a lo que piensan de nosotras, principalmente los chicos, equis de de de de.
     Dicho y hecho nos aventuramos en el mundo de Yuya, bueno no porque en realidad se ocupa bastante tiempo ponerse “guapa”, a menos que lo hagas a diario y esto solo le tome no más de cinco malditos minutos. El lunes fue el gran día, desperté a las 5:30 am, bueno mi papá me despertó ya que olvidé poner la alarma. Sabía que si me preparaba el desayuno no alcanzaría a arreglarme, así que opté por lo que dicen: “la belleza cuesta”, y me costó no prepararme el licuado de plátano con canela que suelo hacer por las mañanas. No hubo mucho cambio puesto que solo arreglé mi cabello y coloqué un poco de maquillaje, eso sí con unos zapatos azules de tejido para variarle al asunto del uso excesivo de tenis y botas; también me quité el piercing que tengo en la nariz (septum).
     Al estar ya en el camión rumbo a la escuela noté que la gente me veía sin ningún desdén, eso sí, los moOtzitHoOss me voltearon a ver una que otra vez. Ya al entrar en el salón de clases mis compañeros me observaron y escuché murmuros que pasé inadvertidos, me posé en el asiento e hice ademán al calorón que se estaba viviendo dentro del aula. Para mi sorpresa llegó “Fede” y solo se maquilló y disque arregló pero para mí fue como muchas de las veces se va, me sentí un poco incómoda puesto que me veía muy “cawuai” y ella pues normal. Después de eso en el día hubo varias miradas inquietantes de chicos que para nada son de mi tipo y muchos halagos de mis amiguitos porque decían que me veía bien y bla bla bla. Ahhh sí, y más tarde en la parada del camión casi afuera de la Polimédica un chico (se veía con estilo buchonsillo) se acercó a preguntarme si ya había pasado el Cocos-Alemán, para lo cual le contesté que sí, él me dijo: “ah ok, gracias” y me sonrió, fue un poco extraño. A ver qué día me aventuro de nuevo a salir de la rutina.





-Como hojas que danzan al viento.

domingo, 30 de marzo de 2014

TE QUIERO SOLO


No sé qué sea eso tan especial que tienes, pero cada vez que quiero comenzar a escribir algo, termino escribiendo sobre ti, describiendo todas tus líneas y formas, tus colores y olores, tus sonidos y silencios.

Desde el parpadear de tus ojos hasta tu grito más escandaloso; las sombras de tu rostro hasta las luces de tu interior; llegué a conocer cuando tu sonrisa era sincera y llegué a sentir tu beso más falso.

Te quiero todo; sin medida ni escala, sin miedo ni restricciones. Te quiero con pasión, te quiero real y sincero. Te quiero como no se puede, en silencio, a deshoras, con nostalgia. Te quiero solo.

Calvin.